EL EXTRAÑO ATRACTIVO DEL MIEDO

Iban a ser las vacaciones perfectas. Llevaba varios meses preparándolo todo para no olvidar ningún detalle. Como siempre, me tocaba a mí ocuparme si quería que los quince días que teníamos disponibles fueran inolvidables. Si fuera por ti, nos quedaríamos en casa viendo series de terror, o películas de fantasía y monstruos de otros mundos. Que no es que no me gusten, pero siempre lo mismo… cansa.

—¿Para qué necesitamos tantas cosas? Llevamos cinco maletas y normalmente nos apañamos con dos —preguntaste sin apartar la mirada de tu nuevo juego online; ese con el que llevabas un mes enganchado sin parar.

—Ya lo verás es una sorpresa…

—¿Me llevarás de compras?

—Si te lo dijera no tendría gracia, ¿no crees? —Sentencié para que dejaras de interrogarme.

Al día siguiente nos levantamos muy temprano, casi tuve que sacarte de la cama a patadas. Si te hubiera preguntado entonces si nos quedábamos en casa, te hubiera dado igual perder un día de reserva del hotel por dormir hasta las doce. Una vez más te preparé el desayuno con todo lo que te gustaba para agasajarte. Sabes que no me importaba complacer todos tus deseos y ese viaje estaba pensado para ello.

A las cuatro horas y media llegamos al hotel. La recepcionista te miraba con picardía y ni siquiera se cortaba porque yo estuviera delante. Le hubiera cruzado la cara a aquella zorra, si no fuera porque conseguiste que nos dieran la mejor habitación disponible. No se te daba nada mal manipular la voluntad de los demás, y a mí, aquello me ponía; debo reconocerlo…

—Bienvenidos al Parador Nacional de Lerma. Hace un día precioso ¿no creen?

Sonreí por pura cortesía. No se me daba mal fingir ser adorable.

—Necesita nuestros documentos, ¿verdad? —añadí sin borrar mi mejor sonrisa.

—¿Si son tan amables? —contestó la chica colocándose el pañuelo del cuello que casi tuvo que utilizar para secarse la baba—. El bono de confirmación no es necesario. Veamos…, aquí tengo su reserva, en un par de minutos tendrán su habitación asignada. Están de suerte, les he podido dar una habitación superior. Es una de las torres, y tiene unas vistas espectaculares al pueblo, ya medirán que les parece. Por cierto, hay un mercado medieval que no se pueden perder, es típico de aquí, y también pueden ir…

—No se moleste, casi no saldremos de la habitación —Y le dediqué otra sonrisa, esta vez para molestarla—. Si nos pudieran servir una botella de champagne, es el aniversario de nuestra boda—.

Sabía que nos regalarían la botella por cortesía de la casa, aunque sería cava, pero con eso sería suficiente.

—Y que sea para esta noche… gracias— añadí con la barbilla casi por encima de los hombros.

Nos encaminamos al ascensor mientras criticabas mi malicia con la pobre chica, así la llamaste. Todo el mundo te daba lastima, mientras yo, parecía importarte una mierda.

Ahora estás a punto de despertarte y me muero por ver tu cara cuando descubras la sorpresa. Son las ocho de la mañana y creo que no te has despertado tan temprano desde hace años, que es el mismo tiempo que llevas sin trabajar…

—¿Eh…? ¿Cariño, qué pasa? Uf, me duele la cabeza que no veas. Parece que anoche se nos fue la mano con el cava ¿no? Pero, ¿por qué está todo cubierto de plástico? ¿Me has atado a la cama? Venga, deja de jugar que me duelen las muñecas. No me gustan estos jueguecitos ¿Qué es todo esto? ¿Tu sorpresa? No me jodas, sabes que no me gusta el rollo sado. Desátame anda…

—Cálmate, no te preocupes, pronto pasará. Voy a ponerte escopolamina… Sí, burundanga; te sorprenderías lo fácil que es encontrarla por internet.

—¿Me has pinchado? No puedo creerlo, se te ha ido la cabeza de verdad. ¡Suéltame ahora mismo! ¡Esto no tiene ni puta gracia!

—¿Recuerdas que me dijiste que no te importaría vivir uno de esos thrillers que tanto te gustan? Pues cariño… ¿Adivina quién es la victima?

©J. A. Ríos.

Nota: El relato sin el título tiene 666 palabras, pero no te preocupes, no significa nada…

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